A saber de la imagen política creíble…

Derechos reservados Andrea Preciado

Diversos son los debates intelectuales que rondan en torno a las campañas electorales y la manera en que los mensajes son emitidos, los medios para hacerlo y las teorías de cómo el elector las recibirá, procesará y almacenará en su mente y lo conducirá a tomar la decisión que impactará en el futuro de la sociedad: la elección, el voto y el fortalecimiento del sistema democrático moderno.

Las elecciones en sistemas democráticos son consideradas como uno de los procesos más significativos, ya que los ciudadanos expresan sus preferencias en torno a quienes deben gobernarlos, de ese modo, las elecciones se convierten en procesos comunicativos que entre sus principales efectos se encuentra el generar climas políticos propicios para el ejercicio del voto, jerarquizar y comunicar con precisión temas relacionados con la problemática social y construir una imagen positiva del candidato (Dorantes y Aguilar, 2014).

En ese sentido, estudiar la imagen del candidato nos hace partir de diversas interrogantes: ¿Qué ejerce el mayor peso en la toma de decisiones: los partidos, las ideologías o el candidato? ¿Cómo se crea una propuesta de valor diferente, honesta, creíble e interesante para los ciudadanos? ¿Son los juicios emocionales y afectivos o el análisis y el raciocinio los que predominan en la decisión del voto?

Las respuestas a estos cuestionamientos se generan desde distintos enfoques teóricos, sin embargo, definir la importancia de comunicar a través de la imagen en política nos lleva a un plano de personificación que determina que son los individuos y no los partidos, ideologías o propuestas, los protagonistas de los mensajes que serán valorados por los ciudadanos y definirán el liderazgo político.

Por lo tanto, imagen será entendida como la percepción que se genera a través de estímulos que conectados a la esencia del individuo redundará en reputación o prestigio, es decir, la credibilidad que requiere proyectar un político para conectar con el sentimiento colectivo, comunicando de manera entendible, convincente, memorable y congruente a fin de motivar no solo a la elección, sino a la acción, al voto que además mantenga cautivo al elector aún después de ganar una contienda.Derechos reservados Andrea Preciado

Por lo tanto, de la imagen como herramienta generadora de políticos creíbles es importante saber qué:

  • El cerebro de las personas es bondadoso y siempre buscará satisfacer su autoimagen. No es el candidato, es lo que el ciudadano quiere comprar. Existe un debate significativo sobre la disparidad entre la evolución social y biológica. Por una parte la imagen como estrategia de comunicación suele ser considerada como la principal productora de afectaciones hacia la democracia al no fomentar el debate racional; en otro orden de ideas, el cerebro humano no se comporta racional al cien por ciento y sigue respondiendo a estímulos visuales, a emociones, a lo que el candidato les hace sentir.

Por lo tanto calificarán que el político es el mensaje y les importará lo que éste dice pero no tanto como la manera en que lo expresa y cómo lo proyecta. Para el votante eso dice mucho y sí, define votos.

En ese contexto, existe una delgada línea entre manipulación y persuasión, entre lograr o provocar que la decisión de los votantes sea la correcta aunque sus decisiones sean tomadas emocionalmente. El reto es del político quien como mensaje está obligado a generar el equilibrio.

  • La imagen política exitosa es el resultado del autoconocimiento personal y todo lo que le respalda. Si el político no sabe quién es y qué y cómo se proyecta, no sabrá por qué los demás lo eligen, por lo tanto no logrará definir su rumbo político que solo trascenderá, si el individuo es congruente y es capaz de validarse con sus habilidades, trayectoria y acciones. Es importante también ser consciente de que todo lo que rodea al político influye en la percepción generada sobre él: el partido político, colaboradores y amigos… sus reputaciones a suman o restan votos.
  • El político no es dueño de su imagen pero sí es responsable de lo que proyecta. Es imposible no comunicar. Se hace a través de múltiples canales y todo ello, genera un medio de comunicación constante y permanente. De ese modo el político es responsable de cómo los demás lo tratan y reaccionan hacia él y su proyecto. Por ese motivo será fundamental posicionar su nombre como marca y asociarla con una cualidad e imagen que lo distinga de los competidores.
  • No existe la apatía política, existe una mala percepción del político. La percepción en política se genera con base en la cultura y el contexto social. De ese modo, apático no, el ciudadano siempre estará conectado a los procesos políticos ¿Por qué? Porque les afecta lo que suceda. Ellos saben que eso es determinante para que se queden como están, mejoren o empeoren como sociedad, por lo tanto la atracción es directa, le dedicaran poco o mucho tiempo, votarán o no, pero gracias a esa atracción el ciudadano ya tiene una percepción del político, con el simple hecho de contender, de representar un partido político ya se tienen puntos a favor o en contra. Es lo que perciben antes y durante la campaña lo que transforma su decisión de voto.

Publicado en Revista de Comunicación Política #Divergente

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